domingo, 5 de febrero de 2017

SANFAINA DE BACALAO





Ya sabía yo que este momento tenía que llegar antes o después porque participar en Cooking the Chef y no hacer una receta de Ferrán Adriá era casi imposible. Si cada mes homenajeamos a un chef español o extranjero con alguna de sus recetas ¿cómo no íbamos a dedicar un mes a uno de los cocineros más famosos del mundo? No te creas, que aunque sabía que esto pasaría, yo abría el correo el 6 de cada mes con cierto respeto. Porque Ferrán Adriá da su respeto se mire por dónde se mire. Ya me veía yo de los nervios intentando hacer cocina experimental pero qué va. No es para tanto y tiene muchas recetas fáciles. Por ejemplo, esta sanfaina de bacalao la puedes encontrar en su libro La comida de la familia. Ser original contando algo de Adriá es casi imposible porque su biografía, con los mismos datos, se repite en infinidad de páginas web: su lugar de nacimiento, cómo empezó en la cocina, cómo ganó sus primeras estrellas Michelín... Sí me ha llamado la atención la síntesis de la cocina del Bulli: se usan preferentemente productos del mundo vegetal y del mar junto con productos lácteos, frutos secos y algunos otros que configuran una cocina ligera. Justo lo que a mí me gusta y creo que la receta que he elegido encaja en esa descripción: verdura y pescado.




Ingredientes:

150 gr de bacalao desalado en tiras
50 gr de pimiento rojo
50 gr de pimiento verde
120 gr de calabacín
120 gr de berenjena
5 cucharadas de salsa de tomate
70 gr de cebolla
1 diente de ajo

Te diré que en realidad la receta original lleva 100 gr de tomate maduro rallado. Ahora mismo es casi misión imposible encontrar unos tomates decentes así que decidí sustituirlos por unas cucharadas de una buena salsa de tomate. Primera herejía pero no la única, no. No he frito los dados de calabacín ni  los de la berenjena. Solo los he sofrito con el resto de las verduras. En casa procuro evitar los fritos todo lo que puedo aunque a veces hacemos excepciones. Pero es que además prefiero la verdura rehogada, poco rehogada. Pero es cuestión de gustos ¿verdad?




Cortamos la cebolla, el pimiento rojo, el verde, calabacín y berenjena en dados de un tamaño parecido más o menos. Picamos el ajo.

En una cazuela sofreímos la cebolla y el ajo primero. Pasados unos tres minutos añadimos el resto de las verduras y rehogamos hasta que empiecen a estar blandas. Añadimos la salsa de tomate y seguimos cocinando hasta que alcancen el punto de cocción deseado. Salamos y añadimos un poco de tomillo (licencia mía, otra más).

Justo antes de apagar el fuego incorporamos el bacalao y dejamos que se haga unos 2 minutos. No va a necesitar más tiempo.
Si por casualidad sobrara algo, sobre una rebanada de pan está ...

Si quieres seguir disfrutando con las recetas de Ferran Adriá, pincha aquí.


miércoles, 1 de febrero de 2017

BIZCOCHO DE LIMÓN Y COCO





Si alguna vez te has dado una vuelta por el índice de recetas dulces, habrás visto que hay alguna que otra receta de bizcochos. Sí, nos gustan los bizcochos aunque también te diré que va por rachas. Hay semanas que hacemos unos dos bizcochos y otras en las que parece que se nos pasa la fiebre bizcochera y nos da por tomar granola en el desayuno. También te habrás dado cuenta de que nos gusta incluir fruta en las masas, ya sea en zumo o en trozos. Y si podemos elegir, preferimos un buen bizcocho de limón. Ejem, puede que esté generalizando un poco y algunos en esta casa se decanten por el chocolate. Cosas de la vida.
Pero está claro que cuando mi vecina nos trae una bolsa de limones de verdad, de los que acaban de cogerse del árbol, hay que hacer un bizcocho de limón entre otras cosas. Lo primero que se me ocurrió hacer fue un brownie de limón. Fue un fracaso estrepitoso.





La masa estaba perfecta y no sé qué pudo pasar para  que aquello acabara tan rematadamente mal. Bueno, sí sé qué pasó y fue el horno que ya deber ser mayor de edad y toma sus propias decisiones sin consultar a los demás. Me gustaba más cuando se dejaba dominar, hacía lo que yo le decía y no subía la temperatura así por que sí arruinando las masas que debería mimar en vez de achicharrar. En fin, unos limones de mi preciado botín desperdiciados. Con otro decidí hacer este bizcocho de limón y coco rezando todo lo que sabía para que no fuera un desastre. No salió demasiado mal aunque si me descuido unos minutos más, el horno  lo hubiera arruinado también. Todavía tengo muuuuuuuchos limones para hacer recetas ricas y sorprendentes.

Ingredientes:

4 huevos
250 gr de azúcar
220 gr de harina
200 gr de leche de coco
60 gr de mantequilla
1 cucharadita de levadura
un pellizco de sal
1 cucharadita de extracto de vainilla
ralladura de 1 limón
zumo de 1 limón





1. Engrasamos el molde que vamos a usar y precalentamos el horno a 180º

2. En un cazo vertemos la leche de coco y la llevamos al fuego para que se derrita la mantequilla. Añadimos también el zumo de limón.

3. Batimos los huevos con el azúcar y la ralladura de limón durante unos 3 minutos. Queremos que doblen su volumen. Incorporamos el extracto de vainilla.

4. Reducimos la velocidad a la que estamos batiendo los huevos y el azúcar para añadir la harina, levadura y sal poco a poco.




5. Vertemos la leche de coco con la mantequilla derretida y el zumo de limón. Mezclamos y nos aseguramos de que no haya grumos y vertemos la masa en el molde. Lo llevamos al horno y dejamos entre 60-65 minutos o comprueba que está hecho pinchando la masa con un palillo. Si este sale limpio, entonces tienes el bizcocho listo. El mío lo estaba como diez minutos antes.

Ya solo hay que esperar a que se enfríe para desmoldarlo y disfrutar de este maravilloso bizcocho en el desayuno o en la merienda.

Fuente: Baking, Dorie Greenspan

martes, 24 de enero de 2017

SANDWICH DE ROAST BEEF



La última entrada en la que uní la lectura con la cocina fue hace ya casi un año. ¡Casi un año! No pienso esperar otro año desde luego. El  año pasado leí muy poco pero estoy intentando retomar una afición que lleva conmigo casi toda la vida. Me encanta leer desde que era una enana y he perdido la cuenta de los libros que tengo. De hecho, me temo que  la cifra debe ser bastante "indecente" si sumamos los libros de cocina. El único problema que le veo a la lectura es que no tengo sitio para guardar tanto libro. Las estanterías ya están a tope y aunque sé que no debo comprar tantos libros para mí es casi imposible entrar en una librería y no salir con algo debajo del brazo. Lo mismo que en una zapatería. No lo puedo remediar.

Hace dos años me compré un libro electrónico y me costó muchísimo adaptarme a él. Comprendo que es más práctico pero la sensación de tener el papel en la mano y pasar las hojas no te la da el libro electrónico, que es más frío. El libro que me ha enganchado estas Navidades ha sido La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joël Dicker. Al principio me costó un poco entrar en la historia pero pronto me encontré devorando el libro, pasando hojas y deseando llegar al final. 



¿Por qué he elegido un sandwich de roast beef para acompañar el libro? Uno de los protagonistas del libro, Marcus Goldman, escritor, se encuentra inmerso en la escritura de su segundo libro cuando sufre un bloqueo bastante importante que le impide escribir lo que sería su segundo bombazo editorial. Para animarle, su secretaria le ofrece llevarle a a oficina su sandwich preferido, el sandwich de roast beef. 

No sé cómo será el sandwich que le gusta a Marcus Goldman. Sí sé cómo nos gusta en casa: un buen pan de molde untado con una mezcla de mostaza y mayonesa, algo de rúcula y espinacas, manzana, roast beef y cebolla caramelizada. Creo que Marcus aprobaría nuestro sandwich.

Cuando digo un buen pan de molde, me refiero a que vamos a hacer el pan en casa. No se tarda mucho y en nada de tiempo puedes tener una delicia muy muy peligrosa porque no hay manera de parar. Las rebanadas vuelan sin que te des cuenta.




Ingredientes para el pan de sandwich:
The Best of Home Baking, Dan Leppard

150 ml de agua fría
100 ml de agua hirviendo
125 de sour cream
2 cucharaditas de sal
2 cucharaditas de azúcar
1 sobre de levadura de panadero
550 gr de harina de fuerza

En un bol grande mezclamos todos los ingredientes y hacemos una bola de masa que dejamos reposar tapada durante 10 minutos.

Pasado este tiempo engrasamos la superficie sobre la que vamos a amasar el pan y nuestras manos con un poco de aceite para evitar que se nos pegue. Amasamos durante unos cinco minutos y dejamos que repose otros cinco y así repetiremos la secuencia hasta que la masa ya no esté pegajosa y su superficie esté lisa. Engrasamos un bol amplio y dejamos que la masa duplique su tamaño. ¿Cuánto tiempo? Dependerá de la temperatura ambiente pero te diré que el sábado la mía tardó una hora y media. En la cocina estaba calentita, era el mediodía y estaba haciendo la comida.




Una vez ha crecido la masa, al sacarla del bol comprobarás que está llena de aire y es esponjosa. La vamos a extender sobre nuestra superficie de trabajo con la ayuda de las manos hasta que tengamos un rectángulo de 2 cm de grosor y la enrollamos como si fuera un pergamino para dejarla en un molde de 19 cm de longitud. Hay que engrasar el molde previamente. Cubrimos con un paño y dejamos que vuelva a crecer. La mía tardó cerca de dos horas. 
Cuando veas que la masa ya ha doblado su tamaño, entonces es el momento de llevarla al horno a 200º durante 40-45 minutos. El olor que queda en la cocina es absolutamente sensacional e invita a lanzarse a pellizcar el pan aún caliente.
El pan tiene una miga suave, esponjosa y muy peligrosa. Ya te digo, las rebanadas vuelan y casi, casi hay que ponerle protección para evitar que desaparezca.

Ya tenemos el pan y tenemos sobras de roast beef así que no nos queda más remedio que montar el sandwich.




Untamos una rebanada de pan con una mezcla de una cucharadita de mostaza y dos de  mayonesa. Cubrimos con rúcula, manzana cortada en láminas, roast beef, cebolla caramelizada y cubrimos con otra rebanada de pan untada con la misma mezcla de mostaza y mayonesa.
No me olvido de la cebolla caramelizada. Para hacerla yo corté dos cebollas en juliana fina y las rehogué en aceite de oliva. Cuando ya empezaron a estar transparentes, les añadí un par de cucharaditas de azúcar moreno y dejé que siguieran haciéndose hasta que tuvieron un bonito color tostado.
Ya tienes tu sandwich listo para ser devorado leyendo el libro.

domingo, 15 de enero de 2017

POLLO CACCIATORE





A buenas horas aparezco por el blog, después de más de un mes de ausencia, a felicitarte el año, a esperar que hayas empezado con buen pie y a asegurarte, si todavía sigues ahí, que sí, que me tomo en serio el tema del blog pero que los últimos meses del año pasado fueron de lo más estresante y que iba literalmente al día. No daba para más. Y eso que, cuando 2016 empezó, pensé que iba a ser un año "divertido" pero no le vi la diversión por ningún lado y sí mucho trabajo, nuevas responsabilidades, y por qué no decirlo, una falta de organización (raro en mí) que me llevó a olvidarme casi del blog.

Lo de la falta de organización estoy solucionándolo y creo que volveré a ser yo, aunque espero un poco menos prusiana, y estoy trabajando muy en serio el tema de poner límites separando el trabajo de mi "vida real" y, sobre todo, decir no. Me parece más que necesario para no acabar hasta arriba, reguñendo por los rincones, jurando en arameo y sin tiempo para respirar. Hace tiempo que no me hago propósitos a principios de año porque simplemente no los cumplo pero este, este de decir no, pues ... En fin, espero conseguirlo aunque cueste.



Y la vuelta al blog la hago con una receta italiana para el reto de Cocinas del mundo. Marga de Acibecheria  nos traslada a Italia para que disfrutemos cocinando recetas italianas. Repasando típicas de la gastronomía italiana me he dado cuenta de que en este blog hay bastantes: arancinis, lasaña, pasta, ossobuco, pizza, gnocchi, minestrone, peperonta, panzanella, sabayón y ahora ... pollo a la cazadora. Se nota que en casa nos gustan la comida italiana ¿verdad? Pero ¿a quién no? He estado en Italia dos veces y no recuerdo haber comido nada que no me gustase. Nada en absoluto. La última visita fue a Florencia, una ciudad que llevaba años queriendo visitar. Sabía que la iba a disfrutar mucho y así fue desde el minuto uno de llegar. Creo que se me abrió la boca nada más llegar a la plaza del Duomo y así estuve los cuatro días que pasamos en Florencia, con la boca abierta ante tanta belleza. ¡Cuánta maravilla! Y aún recuerdo una sopa de tomate fría muy simple que pedí en un día de mucho calor. Bueno, y unos raviolis maravillosos, y una pasta con una salsa de tomate simplemente gloriosa, y unos helados buenísimos, y el colorido de las tartaletas llenas de fruta, y... así podría seguir un buen rato.



Y claro, puestas a elegir una receta, me quedo en la Toscana con este guiso que decididamente  tienes que probar. Es de esos que medio se hacen solos, que llena la casa de un olor rico a cocina casera y que hace que disfrutes de la comida.  Es un señor guiso que se puede servir con un puré de patatas o con polenta, como he hecho yo. Solo te faltaría una buena ensalada y una copa de vino tinto para pasarlo bien, muy bien, comiendo.

Ingredientes:

aceite de oliva
2 dientes de ajo
1 cebolla picada fina
4 muslos y contramuslos separados
1 vaso de vino blanco
1 lata  de tomates enteros y pelados
1 cucharadita de alcaparras
100 gr de aceitunas negras
orégano
tomillo



En una cazuela muy amplia calentamos unas tres cucharadas de aceite de oliva y vamos sellando el pollo ya sazonado. No queremos freírlo, solo dorarlo. Una vez dorado, lo retiramos y reservamos.

En esa misma cazuela (eso es lo bueno de este guiso, que solo ensuciamos un recipiente) rehogamos la cebolla y el ajo hasta que estén dorados. Seguidamente añadimos el pollo y vertemos el vino blanco. Dejamos que se evapore el alcohol y agregamos los tomates en trozos, las alcaparras, aceitunas negras y las hierbas.

Bien, ahora se trata de dejar que se vaya haciendo el pollo removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue y añadir algo de líquido si vieras que se evapora demasiado.




Cuando el pollo ya esté hecho lo servimos con polenta.

Ya está. No hay que hacer más. Aprovecha estos días tan fríos para cocinar platos que llenen de calor tu casa.

lunes, 5 de diciembre de 2016

PIMIENTOS DEL PIQUILLO RELLENOS DE CODORNICES




Llega el día cinco de cada mes y eso supone que tenemos una cita con algún chef español o extranjero en Cooking the Chef. Abrir el correo y descubrir a quién le vamos a dedicar la receta pone un pelín nerviosa, no creas. A veces se trata de cocineros muy conocidos y cuyas recetas son fáciles de hacer, bien porque los ingredientes están presentes en todas las cocinas o por la sencillez del procedimiento. Pero hay otras veces que son un auténtico reto porque la lista de ingredientes llega hasta Madagascar y porque la mitad de ellos no sabría ni dónde encontrarlos.  Pero me gusta conocer nombres de la cocina, saber qué se cuece en otros fogones y darle la vuelta al mundo con la cazuela y la cuchara en la mano. Bueno, hasta ahora siempre había un cocinero pero Cooking the Chef nos ha sorprendido este mes no con un chef  sino con dos! Se trata de los Hermanos Torres, estos gemelos tan simpáticos, naturales y con una estrella Michelín que hacen que la cocina sea fácil. La primera vez que los vi fue en el programa Cocina2 y me gustaron sus recetas y la manera desenfadada de transmitirlas. Desgraciadamente no puedo ver el programa que tienen en TVE pero ya mi madre se encarga de vez en cuando de contarme lo que han cocinado estos dos hermanos.

La receta que he elegido es muy resultona y se puede dejar casi preparada el día anterior.




Ingredientes para 2 personas:

6 pimientos
6 codornices
6 dientes de ajo
2 yemas de huevo
2 anchoas
10 aceitunas negras deshuesadas
2 huevos de codorniz
tomillo
alcaparras
limón
brandy

En una cazuela que sea grande vamos a rehogar las codornices con los dientes de ajo sin pelar y un par de ramas de tomillo. Como queremos que se doren bien, les daremos un par de vueltas hasta que tengan un bonito color dorado. Vertemos algo menos de medio vaso de brandy y esperamos que el alcohol se evapore antes de cubrirlas de agua. Dejaremos que hiervan al menos 30 minutos o hasta que veas que ya están hechas, que la carne se puede desprender fácilmente del hueso. Entonces reservaremos las codornices el tiempo necesario para que se enfríen o nos quemaremos los dedos cuando procedamos a deshuesarlas. Reservamos la carne.




Mientras, dejamos que el caldo de la cazuela vaya cociendo hasta que haya reducido la mitad. Reservamos.

Cocemos los huevos de codorniz unos tres minutos en abundante agua hirviendo. Enfriamos y reservamos.

Ahora vamos a preparar el relleno de los pimientos. Para ello recuperamos la carne de las codornices y a ella le vamos a añadir las anchoas, aceitunas picadas, algunas alcaparras, las yemas de los huevos y un par de cucharadas, en principio, del caldo que tenemos reduciendo para que la mezcla no esté muy seca. Yo pasé toda la mezcla por un robot para que me fuera más fácil rellenar los pimientos. Puede que el relleno siga un poco seco, entonces puedes añadirle otro par de cucharadas más.




Rellenamos los pimientos con cuidado para que no se rompan y los llevamos al horno unos cinco minutos a 200º.
Mientras los pimientos están en el horno, preparamos la vinagreta con la que vamos a aliñar el plato antes de servirlo. En un bol mezclamos dos cucharadas del caldo reducido, vinagre, aceite de oliva y un poco de zumo de limón.

Una vez tenemos los pimientos fuera del horno los aliñamos con la vinagreta y los servimos acompañados de un huevo de codorniz.